ANTONIO PARRA

LOS NIÑOS DE BELZÉC

Vuelve Víctor Mirete al panorama literario con la segunda entrega de su detective, Frédéric Poison, y esta vez lo hace con una intriga enrevesada que salpica los juicios de Nuremberg y el pasado más vergonzoso del pueblo alemán. En mitad del proceso hay varios niños que han sido secuestrados, casualmente niños emparentados con antiguos guardianes del campo de concentración de Belzéc.

          Se viven momentos convulsos, en los que las potencias ganadoras andan repartiéndose algo más que los despojos del III Reich, y es la propia Organización de Naciones Unidas la que reclama los servicios de FMP Investigadores, la agencia liderada por Poison, capaz de moverse por Europa tras la pista más insignificante. Una agencia con recursos diversificados, como el propio Víctor Mirete, que sabe manejar en todo momento la personalidad de cada uno de sus miembros, incluyendo al pobre Miguel, devastado por la pérdida repentina de su esposa.

          El autor murciano ha sabido crear una atmósfera expectante, en la que logra involucrar a un lector que no sabe muy bien, al principio, si quedarse con los rasgos oficiales del proceso de Nuremberg, o rascar un poco más en el pasado de los SS “einstazgroupen”, pero que muy pronto seguirá los pasos del narrador, y del propio investigador, por medio continente, en pos de una secreta organización de orígenes judíos cuya sombra se va haciendo cada vez más alargada.

          Una novela de las cortar el aliento para seguir su ritmo, en la que las páginas van pasando a una velocidad considerable, en la que las tramas, y las sombras, del pasado van pidiendo a gritos un ajuste de cuentas, y en la que se dejan entrever algunos cambios también en el ámbito privado de los protagonistas, lo que nos hace esperar todavía con más inquietud la aparición de la tercera entrega.

GOMES Y COMPAñÍA

EL DIARIO DE RENÉ

[…Cuando un escritor crea una saga, una serie de novelas protagonizadas por un mismo personaje, o un grupo reconocible, como ocurre en este caso, debe saber acompañar a su criatura, en los buenos momentos pero también en los malos. Se lo debe, porque hay que saber pagar las deudas que, como autor, se contraen con los personajes, Víctor Mirete no es ningún desagradecido, de tal manera que ha sabido escoltar a Frederic Poison en los diferentes momentos de esta trilogía, ya fueran lucidos u oscuros, y como tal no iba a dejar de hacerlo en esta entrega.

El espionaje histórico es una disciplina narrativa muy exigente, primero porque hay tramas reales que superan de largo a la ficción, y segundo porque han sido muchos los autores que previamente se habrán lanzado sin pudor a novelar diferentes momentos de las épocas más jugosas históricamente hablando.

Eso significa que hay que andarse con mucho tiento, por un lado, a la hora de elegir el momento, las circunstancias reales, y luego hay que tener ojo narrativo y literario para tamizar ese momento real y convertirlo en parte de una trama que consiga atrapar al lector. La disyuntiva siempre es la misma, abusar o no abusar del dato histórico y fehaciente, abrumar al lector con esas informaciones o correr el riesgo de que se descontextualice. Y como casi siempre, el término medio suele esconder el acierto, así al menos obra Víctor Mirete, que poco a poco nos va desgranando información sobre dos momentos cruciales del devenir de la Europa del siglo XX, mientras encaja en ellos las andanzas de Frederic Poison y su equipo…]

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