AURORA CARRILLO

EL DIARIO DE RENÉ

¿Conocéis la sensación de acabar un libro y resistirse a empezar otro por miedo a que se te olviden los detalles, las frases, o incluso las emociones que te ha generado ese libro? No sé bien qué nombre darle a esa sensación, pero existir, existe, y doy fe porque estoy 100% inmersa en ella todavía. El culpable, “El Diario de René”, tercera entrega de la saga de novelas protagonizadas por uno de mis personajes literarios favoritos, el detective galo-holandés Frédéric Poison (que, todo sea dicho, se asemeja bastante a su creador, el escritor Víctor Manuel Mirete Ramallo… qué sospechoso…).

Ambientada en la segunda mitad de la década de los 40, recién acabada la Segunda Guerra Mundial y prácticamente estrenando Guerra Fría, “El Diario de René”, entrelazando tramas ficcionales con hechos históricos verídicos y comprobables, narra la investigación llevada a cabo por la agencia de detectives francesa FMP sobre la información contenida en las páginas de una suerte de diario escrito por un recluso de la prisión de Terezín (República Checa) entre 1914 y 1918. ¿Quién se esconde tras las palabras escritas en ese diario? ¿Un asesino? ¿Un héroe? La búsqueda de respuestas no va a ser fácil y, por supuesto, el riesgo es uno de los principales ingredientes del pastel.
La tercera criatura literaria de Víctor Mirete nos vuelve a enganchar con su prosa sencilla, directa y sin ambages; con su magistral uso del flashback hace danzar las tramas y subtramas manteniendo al lector en vilo durante las aproximadamente 300 páginas de extensión de la novela. Dignas de mención son también sus descripciones, tanto de entornos como de personajes en situaciones concretas, tan realistas y detalladas que permiten a la imaginación lectora situarse dentro de un bunker sin luz y, con sólo una cerilla encendida, “ver” cómo es por dentro, o visualizar la expresión del protagonista cuando una idea le abre un posible camino en su investigación.
Si tuviera que destacar sólo una palabra de las muchas que se agolpan en mi cabeza cuando pienso en la novela, ésta sería sin duda INTRIGA, sí, sí, así con mayúsculas. Espionaje, contraespionaje, espionaje del contraespionaje, manipulaciones, traiciones e intereses ocultos perfilan la delgada y difusa línea que separa los engaños y las verdades oficiales de los hechos tal y como ocurrieron. Asimismo, y esto ya a nivel muy personal, me gustaría señalar lo mucho que ésta y las anteriores novelas de la saga me han enseñado sobre la época en la que están ambientadas. No todos los días tiene uno la oportunidad de que le enseñen historia de una manera tan agradable.

 

EL DRAGÓN PERDIDO Y LOS NIÑOS DE BELZEC.

Os haré una pequeña confesión. Cuando era pequeña me gustaba leer tanto como ahora. Albergaba en mi corazón un sueño: poder conocer algún día al menos a uno de los escritores de los libros que leía. Creía que esos escritores serían personas especiales, pues si eran capaces de escribir historias que me gustaran tanto, ¿cómo iban a ser personas como yo? En algún momento, incluso llegué a pensar que algo de mágico tendrían, puesto que eran capaces de conocer hasta el más íntimo de los pensamientos de los personajes de mis historias. Hoy, habiendo cumplido por fin mi sueño, puedo confirmar que mis suposiciones eran ciertas.

Los escritores de esos libros que leo, aun aparentando ser personas como tú y como yo, están hechos de una pasta especial, y plasman su esencia en cada una de las obras que escriben.

Hace pocos días os presenté a Sergio Llanes, uno de esos escritores y forjadores de sueños. ¿Lo recordáis? Pues bien, de su mano conocí a otro de los culpables de mi falta de sueño estos días, a Victor Mirete. Este autor murciano, que comenzó sus andanzas en el mundo literario en el terreno de la poesía, y después, del relato, es el artífice de una saga de novelas que tienen como protagonista (¡y qué protagonista!) al detective Frédéric Poison y sus compañeros de equipo en la agencia de investigadores FMP. La primera novela de la saga se titula “El Dragón Perdido” y, la segunda, “Los Niños de Belzec” A caballo entre la novela histórica y la detectivesca, ambas obras parecen articularse en torno a un axioma fundamental y real como la vida misma: “Nada es lo que parece”. En cuanto al marco histórico en el que se sitúan los hechos narrados por Mirete, ambas novelas se sitúan en contexto de posguerra, años 40 tras la Segunda Guerra Mundial. En el caso de “El Dragón Perdido”, además, los personajes sufren la situación opresiva de los primeros años de la posguerra española. En torno a acontecimientos históricos perfectamente comprobables y documentados, el autor, con un toque maestro, crea tramas ficcionales dotando a los hechos históricos de una profundidad, humanidad y emotividad capaces de remover las entrañas y encoger el corazón del lector. Con una prosa sencilla y directa, y un estilo sin duda alguna asequible, el narrador omnisciente consigue mantener al lector despierto, atento, y, en numerosas ocasiones, con los nervios a flor de piel. La tensión dramática de las obras viene dada, en gran medida, por el hábil juego del autor con el espacio y el tiempo, mediante el uso del flashback y de gran variedad de localizaciones geográficas. A ello hay que sumar una exquisita atención al detalle, en escenas variopintas narradas con un realismo casi fotográfico, de manera que el lector puede sumergirse totalmente en ellas y en su época, como si las estuviera viendo con sus propios ojos. De entre todos los personajes el que más ha llamado mi atención es, precisamente, Frédéric Poison. Quizá por su personalidad, quizá por su evolución, quizá por sus enigmáticos ojos azules. Quién sabe. El hecho es que es un personaje que, habiendo llegado a mi vida por casualidad, se ha quedado para formar parte de ella.
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